Colaboraciones

Francisco Muñoz de Escalona

Exposiciones Universales

Francisco Muñoz de Escalona (*)

El 25 de septiembre de 2007 cerró sus puertas la última Exposición Universal y primera del siglo XXI, la celebrada en la ciudad japonesa de Nagoya, capital de la provincia de Aichi. Como establece la Oficina Internacional de Exposiciones con sede en París, ha tenido una duración de seis meses ya que se inauguró el 25 de marzo pasado. Como prometí en mi comentario sobre las Olimpiadas, aprovecho la noticia para ofrecer algunos datos sobre este tipo de eventos ya que, junto con las Olimpiadas, son negocios polivalentes e integrados de carácter mixto público y privado que cumplen, entre otras, funciones incentivadoras del turismo. A grandes rasgos la historia de las exposiciones universales es esta. Desde mediados del siglo XVIII se organizaban en Londres lo que hoy conocemos como ferias de muestra con la misión de exponer las innovaciones técnicas que habían tenido lugar en materia de máquinas herramienta. Dándose cuenta del interés que suscitaban entre los productores y el público curioso, la Sociedad de las Artes de Londres decidió comprar las máquinas premiadas en los concursos que convocaba anualmente en estas muestras y en 1761 decidió mostrarlas organizando la primera exposición industrial propiamente dicha. Abierta al público durante quince días tuvo tanto éxito que la Sociedad decidió convertirla en exposición permanente.

Francia imitó la experiencia inglesa exponiendo en bazares los productos de sus fábricas. El primer bazar se abrió en el Campo de Marte en 1798 con la presencia de más de un centenar de expositores. El segundo se celebró en 1801 logrando doblar la participación de expositores del anterior. La rivalidad entre industriales británicos y franceses llevó a multiplicar la organización de bazares en Inglaterra y Francia, países que pronto entraron en una rivalidad por ver cual conseguía más éxito en número de participantes y visitantes. La exposición de 1849 en Francia logró contar con más de 4.500 expositores.

imagen de la Exposicion Universal de Paris

En 1851 tuvo lugar la que viene siendo considerada como la primera Exposición Universal. Fue organizada por el Reino Unido en la ciudad de Londres, la capital de la primera potencia del mundo, y contó con el entusiasta patrocinio de la familia real. El príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, participó muy activamente en su organización. Se diseñó un edificio espectacular de veinte metros de altura y cerca de noventa mil metros cuadrados en una superficie que superaba las diez hectáreas, el llamado Palacio de Cristal, con elementos preconstruidos que fueron ensamblados en un tiempo record en pleno corazón de Hyde Park. La exposición estuvo abierta durante ciento cuarenta días y recibió más de seis millones de visitantes, cuarenta y tres diarios, un dato a tener en cuenta a efectos de la discusión entre turisperitos sobre desde cuando hay turismo masivo. Thomas Cook, que llevaba produciendo turismo desde 1841 en la ciudad de Leicester, produjo y vendió en esta ocasión, utilizando la enorme fuerza incentivadora de esta exposición, 165.000 viajes o programas de visita para consumidores con residencia en diversos lugares del mundo. Sus fabricados incluían la entrada en el palacio de Cristal y el viaje de ida y vuelta en barco y ferrocarril.

Litton Strachey, el biógrafo de la reina Victoria, cuenta que las felicitaciones de las corporaciones estatales se sucedían, que la ciudad de París dio una gran fiesta al comité organizador de la exposición y que la reina y el príncipe hicieron una gira triunfal por el norte de Inglaterra con este motivo. Los resultados económicos fueron igualmente extraordinarios. El beneficio total obtenido por la exposición alcanzó la suma de 165.000 libras que se destinaron a comprar un terreno en el sur de Kesington donde se levantaría un Museo Nacional permanente. Para más información aconsejo la lectura de la obra de Litton Strachey, "Victoria", editada por Salvat, Barcelona, 1995. El éxito fue tan espectacular en todos los sentidos que no hay duda de que la Great Exhibition of the Works of Industry of all Nations, que este fue el nombre que adoptó, marcó la aplicación en gran escala de una tecnología ya conocida, la orientada a la producción de servicios incentivadores de la fabricación y consumo de turismo.

Cuatro años después, en 1855, se organizó en París la que se llamó Exposition Universelle des Produits de l'Industrie. Ocupó una superficie mayor que la de Londres con cerca de 140.000 metros cuadrados y fue visitada por más de cinco millones de personas, un millón menos.

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Este tipo de eventos quedó pronto consolidado en la medida en que se convirtió en el maridaje perfecto de intereses públicos al más alto nivel con intereses privados de casi todos los sectores empresariales. Hasta la Primera Guerra Mundial se celebraron diecinueve exposiciones en ciudades europeas y norteamericanas. Fue tanta y tan desordenada la proliferación de exposiciones que los principales países industriales del mundo consideraron conveniente establecer una adecuada regulación. Para ello se convocó una convención intergubernamental en 1928 en la ciudad de París, ciudad que ya había organizado nada menos que cinco exposiciones, las de 1855, 1867, 1878, 1889 y 1900. La convención creó el ente Bureau International des Expositions (BIE) cuya sede se estableció en París. El BIE distingue dos tipos de exposiciones, las Universales y las Internacionales. Las primeras se celebran cada cinco años y seis meses de duración. Su temática es de tipo general pero sometida a la aprobación del BIE. A título de ejemplo el BIE propone los siguientes contenidos: Ecología, energía, meteorología, industria, transportes, vivienda, urbanismo, tiempo libre, ganadería, medicina, agricultura, pesca, hábitat, piscicultura, bosques, informática, arqueología y otros.

Las exposiciones internacionales se celebran en el intervalo de dos exposiciones universales, no pueden sobrepasar las 25 hectáreas de superficie ni los tres meses de duración y ser dedicadas a un tema monográfico aprobado por el BIE.

Son ya 32 las Exposiciones Universales celebradas durante el siglo y medio que ha pasado desde la exposición de Londres (1851) hasta la de Munich (2000) y la de Aichi (2005). La siguiente será la de Shangai (2010). Entre la Universal de Aichi y la de Shangai se celebrará la Internacional de Zaragoza, dedicada al agua, que tendrá lugar en 2008.

En la E. Universal de Aichi ha primado en estudio, la promoción y la aspiración a todo lo relacionado con el llamado "desarrollo sostenible", una expresión que pretendía diferenciarse de "desarrollo sostenido" por su respeto a la conservación de los recursos naturales pero que ha quedado devaluada y banalizada por su uso tantas veces meramente propagandístico y retórico por parte de muchos empresarios y políticos que creen que basta con utilizarla mucho y evitarla siempre que se puede. Como las palabras tienen su magia y su fuerza, en lugar de desarrollo sostenible habría que hablar de desarrollo soportable por oposición al desarrollo insoportable, el que no tiene en cuenta los límites del crecimiento. Si consolidamos esta expresión sería menos los que lo usaran y más los que lo aplicaran ya que impediría hablar de una cosa y hacer la contraria.

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La Exposición Universal de Aichi ha estado, pues, dedicada al desarrollo soportable en un afán encomiable por difundir técnicas de crecimiento acordes con los límites físicos de la Tierra. Su objetivo ha sido el buscar un futuro en el que el desarrollo conviva con el respeto y la conservación de la Naturaleza. Ha contado con veintidós millones de visitantes, bastantes más de los esperados, por lo que los triunfalistas hablan de éxito. Si se añade que poco más de un millón han sido visitantes extranjeros puede decirse que la pretendida universalidad de la exposición no se ha conseguido plenamente, al menos en cuanto a visitantes. En definitiva, Aichi se ha quedado en una incentivación que solo ha cumplido su misión de cara al turismo nacional japonés y se ha quedado muy corta de cara al turismo internacional.

Por lo que informan los medios de comunicación el pabellón español ha tenido un gran éxito tanto desde el punto de vista arquitectónico como de visitantes. La fachada, una espectacular celosía, ha sido reproducida en numerosas revistas japonesas y extranjeras. Las tapas españolas han recibido el respaldo de un éxito clamoroso. Los japoneses han hecho largas colas para poder degustar las especialidades culinarias de trece chefs españoles con al menos una estrecha de la guía Michelin. Nada menos que doscientas cincuenta mil personas han pasado por el bar del pabellón español, un pabellón que ha recibido una media diaria de veinticinco mil visitantes, cuatro millones en total. Como ha dicho un comentarista, el pabellón español ha tenido "un plus de valía", el cante y el baile flamenco, muy apreciados en Japón como es de sobra sabido. La expresión del comentarista debe ser una forma personal de referirse a lo que hoy se conoce como "valor añadido", expresión que nada tiene que ver, sino todo lo contrario, con lo que en economía se llama valor añadido. Basta para saber que es así con pensar en el significado que tiene el gravamen denominado Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)

Cerrada la E. U. de Aichi, ahora le toca el turno, aunque sea en tono menor, a la Exposición Internacional de Zaragoza de 2008. Que se pueda decir de ella "en Zaragoza, Sara goza". Sara y cualquier visitante que tenga el privilegio de poder visitarla dentro de tres años. Suerte a los zaragozanos en el tratamiento de una materia tan apasionante y estratégica como, cada vez más, es el agua.

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(*) Francisco Muñoz de Escalona es sevillano, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y jubilado como investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha trabajado como consultor internacional en España y en diferentes países iberoamericanos. Durante años se ha dedicado al estudio de varios sectores de la economía española, debiendo destacar la agricultura y el turismo. Actualmente, aunque retirado como investigador del CSIC, sigue viajando a diferentes países para participar en congresos e impartir cursos de su especialidad en turismo.

Francisco Muñoz de Escalona
Científico Titular del CSIC
escalafuen@gmail.com

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