Colaboraciones

Francisco Muñoz de Escalona

Los vaqueiros de alzada (II), la realidad y su interpretación

Francisco Muñoz de Escalona (*)

Una vez tratada en la primera parte de mi crítica del artículo de David González paso a considerar su contenido, esto es, a la interpretación que de la realidad vaqueira nos ofrece el joven investigador salense. Dije y repetí en la primera parte que el aspecto que considero de más interés en una investigación sobre los vaqueiros es el de la marginación que sufrieron estas familias. Y dije también, y también repetí, que el investigador no trata este aspecto. Sin embargo, como todo el que haya leído el artículo sabe que González la trata en su artículo, debo añadir que no que aporta nada verdaderamente sustancial a las explicaciones que ya se han dado por otros investigadores. Todo el que tiene alguna vaga idea sobre la realidad vaqueira, entre los que me encuentro, sabe que las familias vaqueiras sufrieron marginación por las familias no vaqueiras y conoce algunas de las teorías que se han dado. Obviamente, también González se refiere a ellas como veremos a continuación pero, como digo, sin aportar nada nuevo.

La marginación social de los vaqueiros

González acude a los historiadores para ofrecer su explicación de la marginalidad, mejor dicho, lo que él llama su justificación. Para ello parte de la historia de los orígenes de la ganadería trashumante en Asturias en el marco de las dos clases dominantes en la región durante la Edad Media al filo ya de la Edad Moderna: la Iglesia y los monasterios y las casas de la nobleza, clases señoriales que

pronto controlaron esa práctica ganadera trashumante, controlando las zonas de pastos y las rutas de trashumancia.

 

lo que llevó, apunta el autor, al cercado de prados (dehesas) para su protección y a la aparición de tensiones entre aldeanos y ganaderos vaqueiros, tensiones que obligaron a la adquisición por parte de estos últimos de la mayor parte de los terrenos no cercados, a cuya propiedad unieron la de los rebaños que ya tenían con lo que terminó configurándose un patrimonio o capital productivo que les permitió disfrutar de una autonomía económica de la que aun carecían los aldeanos, sobre los cuales seguían recayendo servidumbres y dependencias de la nobleza por la explotación de la tierra. En definitiva: mientras los vaqueiros dejaron de ser siervos los aldeanos aun lo seguirían siendo durante algunos siglos más. Los medios de pago los obtuvieron los vaqueiros, al parecer, alquilando pastos a los ganaderos de la meseta castellana. ¿Fue así como se dice que se desarrolló el régimen trashumante entre dos lugares de residencia estacional: las brañas de verano y las brañas de invierno? Eso al menos es lo que sostiene González. ¿Empujó la independencia económica de los vaqueiros a lo que González llama “modernidad” por ser propietarios de sus medios de producción? También González aporta esta explicación de las diferencias entre ambos grupos de familias. ¿Fue su “especialización económica en la ganadería” lo que llevó a los vaqueiros a producir más de lo necesario para su abastecimiento con el fin de ofrecerlo en el mercado y así obtener medios de pago para adquirir otros productos que consideraban necesarios? González lo ve así y añade que de ello procede su dedicación a la arriería y al comercio, una actividad que, al decir del investigador, colaboró a intensificar la marginación habida cuenta de

“las connotaciones negativas que en la época tenían las transacciones comerciales con fines de lucro”.

 

En definitiva, dice González,

los vaqueiros d’alzada quedaron socialmente marginados por el resto de sus vecinos debido a una serie de diferencias en cuanto a su forma de vida y por particularidades en la forma de hablar, de vestir, en sus creencias… producto de su aislamiento, que se reafirmaba, asimismo, desde dentro de las propias filas vaqueiras.

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Hubo quien achacó las disputas entre vaqueiros y aldeanos a razones de diferencias raciales, las cuales fueron dadas por buenas por la tradición popular asturiana con el respaldo de la Iglesia, que, a través de los párrocos rurales, clamaba por la escasa práctica religiosa de los vaqueiros. Tanto el autor como la investigación más avanzada rechazan esta explicación por lo que poco sentido tiene aludir a ella una vez más en el contexto de una nueva investigación. Más sentido puede tener atribuir la marginación y la enemistad a la confrontación de intereses entre quienes se dedicaban a la ganadería trashumante (ganaderos cuasi nómadas) y los que practicaban la ganadería estante y la agricultura (labradores aldeanos sedentarios).

Hasta aquí expuesta muy sucintamente la explicación, algo redundante y reiterativa, que nos ofrece González sobre la marginación de las familias vaqueiras. Su justificación, si hemos de utilizar sus propias palabras, ciertamente no adecuadas, habida cuenta de que no es la tarea de una investigación social justificar sino explicar y comprender con la mayor objetividad posible una parcela de la realidad.

 

Veamos cómo quien no se ha dedicado a investigar esta materia, como es mi caso, la habría acometido. Bien está que se acuda a lo que dicen otros investigadores. Incluso que se citen las explicaciones populares aportadas tanto por los vaqueiros marginados como por los aldeanos que marginan por si pueden ofrecer alguna luz. Igualmente habría podido hacerse con las obras literarias (cuentos, novelas, etc.) de tipo costumbrista si es que las hubiera. Las entrevistas en profundidad e incluso la observación de la forma de vida y el conocimiento de los juicios de valor de las familias vaqueiras que pudieran quedar todavía e incluso de quienes practicaron en el pasado la trashumancia aunque ya no lo hagan pueden ser fuentes útiles de información. Todo ello es necesario, y es evidente que González lo ha tenido en cuenta. Pero si bien es necesario de ninguna forma es suficiente. Para completar lo que llamo una visión desde dentro hay que aportar los datos que pueden obtenerse con una visión desde fuera empezando por la visión de las familias aldeanas sedentarias que viven en las proximidades de los trashumantes y que con ellos establecen relaciones económicas y sociales con mayor o menor frecuencia (fiestas, compras, celebraciones religiosas, relaciones personales, etc.)

 

Porque toda esta información de poco serviría si no se cuenta con un marco teórico de referencia obtenido a través de la investigación que aporta la antropología cultural, una ciencia que cuenta ya con consolidación y consideración bastantes como para proceder a la búsqueda de modelos útiles para la investigación que nos ocupa. A esto es a lo que me refería en mis comentarios sobre la conferencia de Adolfo García, empezando por la teoría según la cual siempre hubo fuerte enemistad entre los pueblos dedicados al pastoreo, con dosis más o menos elevadas de nomadismo, y los pueblos agrícolas, siempre fuertemente sedentarizados. La búsqueda de este tipo de modelos permitiría ver la realidad de las familias vaqueiras en un contexto menos regional y más amplio, en un marco más comprehensivo a la hora de proceder a la búsqueda de la explicación de las tensiones entre vaqueiros y xaldos y de la marginación que a manos de los segundos sufrieron los primeros.

 

Porque, vamos a ver: ¿Cómo nos podemos explicar que si los vaqueiros eran más “modernos” que los xaldos porque eran económicamente independientes, estaban más monetarizados y conocían más mundo que ellos pudieron jugar el papel del más débil a manos de los xaldos? ¿Qué grupo de familias tenía más población? Parece que tendrían que ser los xaldos si son la parte marginante. Si es así, ¿basta un mayor número para que un grupo logre marginar a otro grupo económicamente independiente, bastante monetarizado y evidentemente más cosmopolita? Preguntas que sin duda se echan en falta en el trabajo de González y sin las que cualquier respuesta tendrá la sombra de ser discutible por insuficiente o errada. Porque, por favor, no se me venga a insistir en el desprestigio de las actividades con fines de lucro en una cultura cristiana ya que este juicio de valor no es privativo de los pueblos cristianos sino de todos los pueblos poco evolucionados y los vaqueiros, que lo eran, no lo eran tanto más que los xaldos como para que a esta explicación haya que darle un peso excesivo a la hora de investigar las causas de la marginación.

 

Hipólito Rafael Oliva Herrer presentó hace poco una tesis doctoral en la Universidad de Valladolid que luego ha sido publicada bajo el título de Justicia contra señores: El mundo rural y la política en tiempos de los Reyes Católicos.  El Dr. Oliva cita el Libro de los pensamientos variables, una obra que se presenta bajo la forma de un diálogo entre el Rey y un labrador a través del cual se lleva a cabo un discurso fuertemente crítico con la dominación y explotación de los Señoríos. El labrador expone en todo momento una descalificación rotunda del poder del señor y una queja amarga sobre sus excesos. El señorío es visto por el labrador como el resultado de la usurpación y la violencia lo que justifica el rencor hacia la clase nobiliaria. Este esquema podría servir para enmarcar la problemática de los vaqueiros frente a los aldeanos teniendo en cuenta que los primeros lograron independizarse antes que los segundos de los señores, sean éstos autoridades religiosas (la Iglesia y los monasterios) o viejos guerreros (nobleza rural). Creo sinceramente que por esta vía o por vías parecidas sería posible encontrar la explicación de la marginación sufrida por el grupo de familias que ya se había independizado de los señores a manos de las que aun seguían sometidos a su autoridad. Era, pienso, la autoridad y el poder de los señores la cobertura en la que bien pudieron ampararse los xaldos para creerse superiores a los vaqueiros, no el desprestigio de la búsqueda del lucro a través del comercio.

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¿Sigue habiendo vaqueiros en nuestro tiempo?

 

Según González,

“dejando atrás las discusiones nominales, hay que decir que para los vaqueiros, el principal elemento de ser vaqueiro es la trashumancia (Cátedra Tomás 1989: 25-6), que es anterior incluso a la fundación de las mismas brañas, según su tradición y sus mitos, que explican cómo gracias a la trashumancia estacional pudieron afrontar períodos de carestía y empezaron a vivir mejor. Los vaqueiros también tienen la idea de que son vaqueiros por vivir en las brañas. Ante las deserciones de algunos vaqueiros se autoafirman diciendo que «una braña siempre será una braña» y no será nunca una aldea, por su condición de lugar alto, escabroso y malo para la agricultura. Se puede decir, por tanto, que un vaqueiro lo es también en función de dónde vive.

 

No me puedo resistir a mostrar mi extrañeza con el contenido de esta frase. ¿Están las brañas siempre en lugares de montaña? Si es así, ¿dónde están las brañas de invierno si no coinciden con las aldeas, las cuales suelen estar en los valles o en sus cercanías?  ¿Cómo se puede decir que un vaqueiro es vaqueiro en función de donde vive si vive en dos lugares distintos? Hay más preguntas: ¿Vivieron mejor los vaqueros gracias a la trashumancia? ¿Pero no hemos quedado en que la trashumancia la practicaban también cuando todavía eran siervos de los monasterios y de la nobleza? ¿Qué identifica a una familia vaqueira, practicar la trashumancia o haber logrado la autonomía económica? Y sigo: Si hoy se practica menos la trashumancia que hace al menos 50 años, y la trashumancia se considera por los expertos en la materia como una seña de identidad sine qua non, ¿cómo se puede sostener que hoy hay todavía familias vaqueiras? ¿Solo porque se mantenga los mitos y las tradiciones además de las vacas y las brañas a pesar de que ya no se practique la alzada y haya acabado o se haya mitigado la marginación y no existan los duelos y las disputas de antaño y no tengan que ocupar puestos secundarios en el templo al oír misa se puede decir que aun hoy día se mantiene la cultura vaqueira? ¿Entonces por qué las bodas-espectáculo de Aristébano para las que hay que buscar con lupa a los contrayentes no solo entre los aldeanos actuales sino incluso fuera de las calificadas como zonas vaqueiras? ¿Son, siguen siendo, estas bodas-pantomima para foráneos curiosos bodas vaqueiras? ¿No serán estas bodas solo un reclamo turístico más bien burdo porque todo es bienvenido con tal de que acudan visitantes a Naraval y su entorno que gasten en él su dinero?

Sigamos sin cansarnos de preguntar: Cuando los vaqueiros “descienden” a las aldeas, ¿siguen haciéndolo en grupo para participar en fiestas tradicionales que si son de los xaldos no son suyas? ¿Se siguen limitando a estar en torno al templo y a los chigres?

 

Pero el autor insiste de nuevo en ofrecer una nueva definición de  vaqueiro d’alzada:

el individuo que habita en brañas estacionales, de verano e invierno, entre las que trashuma con su ganado, predominantemente vacuno (en número e importancia). Practican una ganadería trashumante, pero que no deja por ello de presentar cierta intensificación, como veremos, que complementan con labores de arriería y trajinería, así como con una agricultura complementaria, fundamentalmente destinada a obtener productos de huerta, y forrajes y hierba seca para alimentar al ganado en invierno. Tienen un habla particular dentro del asturiano, y tienen un conjunto propio de tradiciones, mitos, música… Se caracterizan también por su aislamiento, lo que unido a sus intereses económicos y ecológicos, y confrontados con los de los aldeanos, les llevó a quedar marginados por estos, recibiendo esta situación la sanción de la Iglesia. Tienen una conciencia de grupo marcada, que queda por encima de su pertenencia a una región como Asturias; esto se entiende en esta realidad de marginación. Fruto de todo lo anterior, son un grupo muy endogámico, no entre familias concretas, ni dentro de las familias troncales, sino dentro de la comunidad vaqueira.

 

El tono intensamente descriptivo de la definición no consigue, como cabía esperar, ofrecer una delimitación definitiva de los vaqueiros. Como se verá en la cita siguiente, se impone añadir la zona de referencia habida cuenta de que hay pastores trashumantes no solo en Asturias sino también en Cantabria, y no solo en el occidente asturiano sino en otras comarcas del Principado.

 

No sólo los vaqueiros d’alzada, propios del Occidente asturiano, son pastores trashumantes con doble residencia. Hay muchas otros grupos de familias que realizan actividades similares, en toda la Cordillera Cantábrica, al oriente e incluso más al occidente de la región vaqueira, que llevan una vida similar, pero no pueden ser incluidos en el conjunto de gentes vaqueiras sensu estricto debido a que no realizan la totalidad de las actividades que les son propias a los vaqueiros d’alzada, como el comercio, la arriería y la trajinería, lo que llevaba irremisiblemente consigo la marginación y el aislamiento. Así, hay vaqueros (en asturiano central) en la zona centro-costera asturiana, en concejos como Gráu, Las Regueras, Llanera, Siero o Xixón, pero además de que se sedentarizaron muy tempranamente, no realizan con tanta profusión las citadas labores de comercio, y el componente agrario es muy superior a la realidad centro-occidental.

 

En resumidas cuentas: ni quedan claras en la investigación de González ni las condiciones o características que confieren la condición de vaqueiro a un individuo o a una familia ni aclaradas las razones que podrían explicar la marginación sufrida por ellas. Es lo que acontece con las visiones desde dentro y con la metodología incapaz de superar las limitaciones del descriptivismo de la geografía y de una parte de la antropología cultural. Ya el antropólogo alemán Franz Boas en el siglo pasado cayó en la creencia de que la investigación antropológica consistía solo en acumular datos y más datos en los cuadernos de campo a la espera de que sea la información sea capaz de explicar por sí sola la realidad. No se percatan estos investigadores descriptivistas de que la realidad es caótica y que la mera acumulación de datos sobre ella no logrará nunca darnos la clave. El método científico procede siempre arrancando de conjeturas, quiero decir, elaborando modelos teóricos que han de ser posteriormente contrastados por medios empíricos pero nunca a la inversa, esto es, tomando datos sin contar con conjeturas previas.

Por ello, bien está que González se base en los datos que aporta la arqueología para hacer sus investigaciones antropológicas de los vaqueiros de alzada. Sus aportaciones sobre lo que llama cultura material de los vaqueiros es lo más novedoso y valioso de su trabajo. Pero, como digo, ni la investigación antropológica en particular ni la investigación social en general se agota en la descripción de lo que “se ve”. Es necesario ir más allá de lo que se ve si queremos encontrar la clave explicativa de la realidad investigada.

Después de mis comentarios sobre su trabajo tengo la esperanza de que David González abandone los comentarios descalificadores y se preste a ejercitar el debate constructivo ya que solo por medio de él puede el investigador avanzar en el conocimiento científico. Obviamente puede contar conmigo para ello.

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(*) Francisco Muñoz de Escalona es sevillano, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y jubilado como investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha trabajado como consultor internacional en España y en diferentes países iberoamericanos. Durante años se ha dedicado al estudio de varios sectores de la economía española, debiendo destacar la agricultura y el turismo. Actualmente, aunque retirado como investigador del CSIC, sigue viajando a diferentes países para participar en congresos e impartir cursos de su especialidad en turismo.

En el artículo anterior hace una “visión desde afuera” de lo expuesto en la conferencia que en Junio de 2003 dio el antropólogo Adolfo García, uno de los más destacados estudiosos de la cultura vaqueira, organizada por nuestra asociación, Amigos del Paisaje de Salas.

Francisco Muñoz de Escalona
Científico Titular del CSIC
mescalona@telecable.es

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