Francisco Muñoz de Escalona (*)
Con la publicación de mis comentarios a la conferencia de Adolfo García de julio de 2005 en Salas (ver la sesión de colaboraciones en www.amisalas.org) pretendía suscitar un debate sobre los vaqueiros de alzada empezando, claro, por el conferenciante. Ignoro las razones por las que el debate no se produjo. Tal vez influyó en ello que mis comentarios tardaron al menos dos años en ver la luz. Que yo sepa solo se produjo un comentario sobre mi breve artículo y fue el de David González pero no llegó a mi conocimiento porque ni se me hizo a mí personalmente ni se publicó en esta web. En todo caso el comentario no fue más que una opinión valorativa expuesta casi en privado.
En una de sus intervenciones en el Foro sobre Cultura David González hizo referencia a un trabajo suyo publicado en la revista digital Arqueowebtitulado APROXIMACIÓN ETNOARQUEOLÓGICA A LOS VAQUEIROS D’ALZADA: UN GRUPO GANADERO TRASHUMANTE DE LA MONTAÑA ASTURIANA y, además, invitó a los visitantes a participar en un debate. Como soy amigo de participar en discusiones ordenadas más que a la mera emisión de opiniones informales sobre cuestiones de interés cultural o científico voy a responder a la invitación de González comentando su trabajo. Dado que el trabajo que comentaré es algo largo, si quiero decir todo lo que me sugiere tendré que extenderme más de lo aconsejable para un artículo y por esta razón lo haré en dos partes. En esta primera parte me ceñiré en cuestiones de enfoque, metodología, sistemática y tratamiento del tema dejando para la segunda los comentarios sobre el contenido del trabajo a comentar.
Como confiesa el autor, el artículo es un trabajo de investigación científica que aspira a presentar
“una recopilación de la información bibliográfica y potencial sobre los vaqueiros d’alzada, planteando una visión etnoarqueológica como forma de trabajo más adecuada para el estudio de estas comunidades de pastores trashumantes, que se movían y se mueven con sus familias y ganados entre sus residencias en los puertos de la montaña central asturiana y los valles interiores, siguiendo un ciclo biestacional. Además de la preocupación por el estudio de estas propias comunidades, se sugieren vías de trabajo a desarrollar sobre aspectos como el cambio cultural e identitario propio de la irrupción de la modernidad, las formas económicas ganaderas, la arquitectura y la espacialidad doméstica, etc. que, con base en un enfoque arqueológico de la cultura material, podría proporcionarnos apreciaciones certeras sobre cuestiones de los propios vaqueiros, así como otras que pudiéramos extraer para acudir en ayuda de otras casuísticas históricas en estudio por arqueólogos e historiadores”Paso a desgranar mis apreciaciones sobre el trabajo de González distinguiendo los principales componentes formales del mismo:
Según González,
"los vaqueiros d’alzada son un grupo de población de las montañas del Centro-Occidente asturiano. Desde antiguo han despertado gran interés entre los investigadores de la Historia de Asturias, por una serie de peculiaridades a nivel tecnológico, económico e identitario, que les han dado un nivel de individualización y diferenciación notable, recibiendo tradicionalmente el desprecio y la marginación por parte del resto de los habitantes del medio rural de la región”.
La definición de los vaqueiros entra en contradicción con el resto del trabajo ya que, caso de que exista hoy una población vaqueira netamente diferenciada del resto de la población asturiana, no puede decirse que sea una población de las montañas habida cuenta de que también es una población de los valles. Depende de a qué época del año nos estemos refiriendo como veremos más adelante.
Retengamos de momento la referencia que en la frase transcrita se hace a
“la serie de peculiaridades a nivel tecnológico, económico e identitario que les ha dado un nivel de individualización y diferenciación notable”porque tendremos que volver a esta afirmación. De momento solo quiero dejar constancia de que la cultura es aquello que identifica a un pueblo y lo diferencia de los demás. Pero si la cultura es consecuencia de la economía estamos poniendo en el mismo nivel dos peculiaridades correlacionadas, y finalmente, si la economía es consecuencia de la tecnología estamos de nuevo ante dos peculiaridades correlacionadas. Por ello referirse a las tres como “una” serie de peculiaridades es reiterativo puesto que no añade nada la una a las otras.
González especifica a continuación que
“los rasgos que mejor los caracterizan [a los vaqueiros] son su dedicación ganadera-pastoril, centrada en las vacas, y, sobre todo, la trashumancia estacional que llevan a cabo entre las brañas de invierno y las brañas de verano: la alzada”.
Como es sabido, son muchos los pueblos que se han dedicado, y algunos todavía se dedican, a la ganadería trashumante. Entre ellos podemos citar el pueblo mongol de las estepas asiáticas y los pastores de la meseta castellana, éstos en franco proceso de desaparición imparable. Hubiera sido el momento para que el autor hubiera pensado en incluir en su investigación el estudio comparativo de los vaqueiros con otras culturas de ganaderos trashumantes, sobre todo de los castellanos, dada su proximidad con los ganaderos trashumantes del occidente asturiano, entre los que se impone una primera diferencia ya que mientras éstos trabajan con ganado vacuno aquéllos lo hacen con ganado ovino. La consideración de esta primera diferencia habría servido al investigador para constatar si la especialidad ganadera es generadora de diferencias culturales apreciables o no.
Sigamos. Para González es un rasgo definitorio de los vaqueiros el dedicarse a la ganadería trashumante pero, según parece, no con cualquier tipo de ganado sino, como su nombre indica, con vacas. Pero el investigador alude enseguida a la existencia de un nuevo rasgo definitorio de los vaqueiros: “su dedicación ocasional a labores de comercio, transporte y arriería”. Lo que sorprende al lector es que se diga así, de improviso, que este rasgo, sin duda identitario de los vaqueros trashumantes asturianos, propiciara el que fueran marginados pues, en primer lugar aún no ha sido advertido el lector de que los vaqueiros fueron objeto de discriminación social por quienes no eran vaqueiros, por lo que hacer referencia a ella para afirmar que se debió a la práctica de las citadas actividades “ocasionales” resulta improcedente por muchas razones, no solo las obligadas por la sistemática y las normas expositivas más elementales sino porque la cuestión de la marginación debería haber sido considerada por el investigador como la más digna de análisis de su trabajo. Por la misma razón, añadir que la marginalidad se debe a
“la tradición popular por el hecho de que formen parte de « una raza diferente », con ancestros distintos a los del común de los asturianos”es no solo prematuro para el aun desinformado lector sino precipitado y además erróneo aducir causas cuando aun no se ha sometido a estudio un problema que es tan destacado que incluso podría decirse que es el que debe nuclear cualquier estudio de la materia que aspire a desentrañar la cultura vaqueira en el marco en el que se desenvuelve .
Exponer pronto los objetivos debe preceder a cualquier otra consideración del investigador no solo como elemental cortesía con el lector sino, sobre todo, para que éste sepa con claridad lo que pretende la investigación y así poder facilitarle que ejerza su derecho a la crítica. Pero González no solo tarda en hacerlo sino que cuando lo hace mezcla (¿o confunde?) la exposición de los objetivos con la metodología en la frase que transcribo a continuación:
“Voy a empezar exponiendo los objetivos que me he trazado antes de realizar este trabajo aproximativo. Quisiera aplicar la metodología etnoarqueológica sobre un grupo de población actual, el de los vaqueiros d’alzada”.
Cualquier lector no iniciado puede ignorar qué es la etnoarqueología y si ésta es una visión o un método. De acuerdo con el título del trabajo el lector podría haber creído que se trata de una visión o enfoque pero ahora parece que es considerada por el autor como un método. Si el autor recurre a este para mí novedoso y hasta un tanto exótico método es, según confiesa
“para obtener una serie de respuestas en dos líneas principales: (…) contribuir al conocimiento que se tiene sobre los propios vaqueiros, respecto a temas poco o nada tratados desde la Antropología o la Etnología, como son la vivienda, la tecnología aplicada a sus actividades cotidianas, sus patrones de adaptación a los dos medios ecológicos que habitan en función de la estación del año, los cuales generan determinados impactos y modificaciones paisajísticas [sic] y (…) generar modelos de referencia que pueden ayudar a la interpretación en Arqueología en algunos aspectos de investigaciones sobre comunidades del pasado: sobre todo en temas de arqueología del paisaje, modelos de asentamiento sobre el territorio, etc., y también en pautas de convivencia de grupos económicamente diferenciados en función de sus dedicaciones, sobre todo con cuestiones de identidad y fenómenos sociales derivados”
Poco más adelante el autor alude a la historiografía, no sabemos si porque la considera como parte de la metodología a aplicar o como componente de los objetivos de su trabajo habida cuenta de lo que afirma en la siguiente frase:
“Tras esta somera declaración de objetivos, trataré muy brevemente la historiografía y el estado de la cuestión acerca de los aspectos más generales de los vaqueiros d’alzada”
Al parecer, según el autor la historiografía dedicada a los vaqueiros
“es relativamente abundante y resulta bastante demandada por la sociedad en general [como economista me resulta curioso que se hable de demanda social en este contexto]. Pero la alta demanda social de tales estudios parece que choca “con que el grueso de esas publicaciones tienen escaso interés si lo pretendido con su lectura es hacerse una idea clara y veraz de su modo de vida [de los vaqueiros], su cultura material, su mentalidad e identidad, o el paisaje en el que se desenvuelven; y mucho menos acerca de sus orígenes y desarrollo histórico. Normalmente, estos textos son, en su contenido, meros folletines de lo pintoresco y de lo banal, con poca seriedad académica, escritos desde la distancia..., en definitiva, sin contar con los testimonios de las gentes del campo ni con observaciones propias”.Ni que decir tiene que si un investigador se encuentra con trabajos de tan mínima calidad científica como los que alude lo que debe hacer es no tenerlos en cuenta por la sencilla razón de que no pueden aportarle nada de interés. A pesar de todo, el autor insiste en tener en cuenta lo que dicen estos estudios para dar entrada a la explicación de la marginalidad de los vaqueiros basada en que los vecinos no vaqueiros los consideraban
“colectivos de otras etnias o razas diferentes a los antecesores del grueso de los asturianos. Todos estos autores, continúa el autor, fueron exponiendo distintas posibilidades: celtas, esclavos romanos, un origen caldeo, asturianos que se negaron a luchar junto a los reyes asturianos en las tareas de la Reconquista, esclavos que se rebelaron en tiempos del rey Aurelio, normandos vencidos por el rey Ramiro en La Coruña, esclavos árabes, moros, mozárabes, moriscos expulsados de Granada tras las rebeliones de las Alpujarras… “
Con este mismo tenor sigue el autor citando teorías historiográficas claramente impropias de este nombre ya que habría sido más adecuado calificarlas como de folklóricas o populares, en todo caso no científicas, una exposición que él considera que es una “breve introducción del estado de la cuestión” pero que todo hace pensar que no lo es si a tal expresión le damos el significado con el que se emplea habitualmente en la investigación científica. Fuera del contexto en el que el lector habría esperado encontrarlo, el autor se decide a seguir exponiendo los objetivos del trabajo, aunque tal vez se refiere una vez más al método, lo que podría deducirse de su decisión de tomar
“como base la bibliografía publicada acerca del tema, siempre hecha por eruditos locales, etnógrafos, folkloristas y antropólogos. Se echa en falta una perspectiva histórica que empieza a trabajarse sólo a partir de las investigaciones de Adolfo García Martínez (1988), quien abrió también la brecha para el conocimiento de la cultura material de este colectivo”.
Dicho esto añade González un aspecto metodológico inesperado por el lector por medio de esta frase:
“Asimismo, debo añadir el conocimiento cercano y directo sobre el tema que me da ser oriundo de territorio vaqueiro, allí donde yo soy xaldo”
con la que el lector se entera de que el investigador no es vaqueiro pero sí oriundo o residente en lo que se ha dado en llamar comarca vaqueira, aquella en la hay familias ganaderas que practican la trashumancia con ganado vacuno, sí, pero también familias que se ganan la vida de forma diferente, por lo que lo mismo que se llama a la comarca vaqueira podría llamarse comarca no vaqueira. En esto me baso para suponer que el autor es residente u oriundo de Salas. Como han escrito algunos participantes del Foro, la denominación es muy reciente y propuesta por los especialistas en marketing turístico contratados por los cinco ayuntamientos que constituyen la denominada Comarca Vaqueira a efectos propagandísticos. Dicho esto debo añadir que no es aconsejable ceñirse a una denominación claramente comercial y propagandística en un trabajo que se hace dentro de la Universidad y que pretende, obviamente, ser de carácter científico.
Pero lo que más sorprende al lector es que González deje pasar las primeras páginas de su trabajo sin terminar de decir al lector en qué consiste el que he llamado novedoso y exótico para mí método etnoarqueológico porque, cuando ya entra en materia, lo que el lector se encuentra son resúmenes de otros trabajos como los de María Cátedra y Adolfo García, y esto, una vez más, fuera de lo que antes ha llamado tratamiento del estado de la cuestión. Y, cuando acaba con esta exposición, el autor se adentra en el tratamiento de lo que es un vaqueiro para lo cual acude a entrevistar a quienes a priori considera que lo son sin aclarar el método seguido para su selección ni explicar la composición del grupo informante. En definitiva, González termina llevando a cabo un trabajo que cae en graves deficiencias metodológicas y también sistemáticas, un trabajo que mimetiza sin demasiado esmero el formato convencional utilizado por los investigadores científicos consolidados y se viste con el ropaje y con el lenguaje que estos emplean en sus trabajos científicos. El autor del trabajo que comento es al parecer un joven estudiante que trata de hacer una tesis o una tesina universitaria pero hace suyo de un modo un tanto precipitado y un tanto presuntuoso el tono y el estilo de los investigadores consolidados.
El autor dedica el grueso de su trabajo a hacer una descripción de los vaqueros trashumantes asturianos exponiendo los resultados de su investigación en base a lo que ellos mismos le han comunicado y de lo que él ha observado en los diferentes aspectos de la forma de vida que llevan las familias consideradas como trashumantes, incluso aunque ya no lo sean hoy porque, al parecer, algunas se han sedentarizado sin dejar de ser, ¡oh mayúscula sorpresa!, trashumantes, lo que supone no sé si un milagro pero sí algo que tiene todas las trazas de ser una contradicción con lo que el mismo investigador dio en llamar peculiaridades identitarias de los vaqueiros, una de las cuales es la alzada o trashumancia, consistente en ir a la montaña en verano y volver al valle en invierno.
También expone el autor otros aspectos de la forma de vida de los vaqueiros y para ello penetra en el ámbito de la geografía económica y en el de los estudios de la tipología de las viviendas. Al final el lector puede creer que en esta mezcla de disciplinas consiste el tan cacareado por el autor método o enfoque (nunca queda claro qué es) etnoarqueológico. El lector tiene que creer que el investigador es un arqueólogo que busca elementos materiales (viviendas, aperos, etc.) de un supuesto pueblo del pasado que al parecer sigue hoy vivito y coleando solo porque el investigador lo asegura pero sin llegar a demostrarlo siguiendo las pautas inexorables de toda investigación que aspire a ser tenida por científica. Etnoarqueología solo puede ser para mí, hasta que el autor no me demuestre lo contrario, una mezcla de varias ciencias o métodos: la Etnología, no sé si entendida como Antropología, como ciencia de etnias pueblos o culturas, la Arqueología como ciencia del tratamiento de las arcas o yacimientos ricos en restos del pasado, la Historia, como ciencia del pasado y la Economía descriptiva o geográfica como ciencia de las formas de explotación de los asentamientos humanos. Él sostiene que esta metodología o enfoque (insisto en que no queda claro) es la panacea para el estudio de cualquier colectivo humano con un pasado y un presente que se encuentre enmarcada por unas coordenadas territoriales. Llamar a la relación de una treintena escasa de obras sobre la materia “recopilación bibliográfica” como hace el autor es una manifiesta exageración.
Tengo que decirlo: el trabajo que comento de David González Álvarez no me ha enseñado nada sobre los vaqueiros que no conociera ya por la lectura de la obra de Adolfo García que ya comenté en el trabajo citado.
En definitiva, en base a todo lo dicho, sostengo que el trabajo sometido a crítica en esta primera parte de mi evaluación en sus aspectos metodológicos, adolece de la consistencia científica a la que parece aspirar resultando por ello un tanto presuntuoso. Por ello, en mi modesta opinión, debería someterlo el autor a una profunda revisión si realmente quiere que sea tenido en cuenta por los demás investigadores y también por los aficionados como yo a la materia, una materia que con todos los respetos me parece artificialmente sobrevalorada, la cual, no pasando hoy en realidad de ser más que un objeto secundario de interés para los eruditos regionales, carece de mayor interés para el conocimiento operativo de la grave y compleja problemática social y económica del occidente asturiano, un territorio dramáticamente necesitado de trabajos serios, trabajos que ayuden a superar su decadencia manifiesta y al parecer imparable. Residente u oriundo de Salas invito al joven investigador González a reorientar sus trabajos en este sentido aun dentro de la especialidad que creo cultiva, la Arqueología considerada como ciencia auxiliar de la Antropología Cultural, debido a que sus indudables energías de joven investigador social asturiano podrían sin duda enriquecer el necesario conocimiento de la comarca de cara a su urgente transformación social y económica. Puede dolerle a González la dureza de mis comentarios; si fuera así le ruego que reflexione y que admita que lo peor habría sido para él la exhibición de una indiferencia soberana, el doloroso ninguneo del que hablan los venezolanos.
Y para terminar mi exposición de esta primera parte quisiera formular a González las siguientes preguntas:
(*) Francisco Muñoz de Escalona es sevillano, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y jubilado como investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha trabajado como consultor internacional en España y en diferentes países iberoamericanos. Durante años se ha dedicado al estudio de varios sectores de la economía española, debiendo destacar la agricultura y el turismo. Actualmente, aunque retirado como investigador del CSIC, sigue viajando a diferentes países para participar en congresos e impartir cursos de su especialidad en turismo.
En el artículo anterior hace una “visión desde afuera” de lo expuesto en la conferencia que en Junio de 2003 dio el antropólogo Adolfo García, uno de los más destacados estudiosos de la cultura vaqueira, organizada por nuestra asociación, Amigos del Paisaje de Salas.
Francisco Muñoz de Escalona
Científico Titular del CSIC
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