Colaboraciones

Francisco Muñoz de Escalona

Los vaqueiros de alzada, una visión desde fuera.

Francisco Muñoz de Escalona (*)

El 6 de junio, Adolfo García, antropólogo asturiano que ha estudiado detalladamente la cultura vaqueira del occidente, dio una documentada conferencia sobre la cuestión vaqueira, una cuestión que ha tenido y tiene indudable gancho tanto para los investigadores como para la gente deseosa de encontrar una respuesta acertada a esta realidad social y cultural. Propongo aquí una visión desde fuera porque Adolfo García expuso una visión desde dentro que tuvo el enorme mérito de gustar al numeroso público que llenó la sala municipal del centro polivalente de La Veiga en Salas amablemente cedido para la ocasión por el ayuntamiento. Su exposición fue larga y aun así la gente estaba encantada con el gracejo y la expresiva mímica del conferenciante. El acto podía haber seguido tanto por el conferenciante como el público. Fue un éxito del conferenciante y de la Asociación de Amigos del Paisaje de Salas que, a pesar de su juventud, está encontrando la forma de dinamizar la vida cultural de la villa.

 

El pensador francés Edgar Morin acuñó a mediados del siglo pasado dos métodos de estudio de las realidades sociales y culturales, los enfoques y análisis emic y ethic Con el primero se refería Morin a la visión de un observador situado dentro de la sociedad o cultura estudiada mientras que con el segundo hacía alusión a la visión desde fuera. Ambas visiones son obviamente distintas pero complementarias. Como digo, la visión de la cuestión vaqueira que Alfredo García dio en su conferencia de Salas fue emic o desde dentro. A mí, que me interesa la cuestión pero no me he dedicado a su investigación, me enseñó mucho, como a todos los presentes.

La prueba de que su visión es emic la aporta el mismo Adolfo. Como él mismo dijo, su método de su investigación se basa en largas estancias en enclaves vaqueiros durante las cuales comparte la vivienda y el modo de vida de la familia y la comunidad de acogida, lo que genera, obviamente, amistad y simpatía mutua entre investigador y realidad investigada, algo que sin duda es humanamente positivo pero minimiza el necesario distanciamiento entre objeto investigado y sujeto investigador. Todos comprobamos que, entre el público, había vaqueiros a los que trató con amistad y familiaridad. Ellos por su parte se mostraron conformes con la visión que García tiene de la cultura vaqueira y avalaron plenamente los resultados de su investigación, lo que es otra prueba más de que su visión es emic. Resumiendo su exposición, los vaqueiros surgen en Asturias a fines del siglo XV. Eran siervos de los señores y de la iglesia que se ocupaban de los rebaños de ganado explotados en régimen extensivo y trashumante, muchos de los cuales consiguieron comprar su libertad personal primero y las tierras de pastos después. Es decir, que los vaqueiros eran ya lo que hoy llamamos trabajadores autónomos porque dejaron de ser criados y pasaron a ser señores de sí mismos.

 

El hábitat vaqueiro está en las tierras altas, ricas en pación de verano para el ganado, pero pobres para cultivos hortícolas y cerealistas e invivibles durante la época invernal por su clima extremado, lo que obligaba a bajar a los núcleos poblados de los valles, en los que convivieron con los campesinos asentados. Las largas convivencias invernales entre las familias de vaqueiros de alzada y las familias de campesinos sedentarios fueron de todo menos fácil. Es lo que acontece normalmente entre vecinos, máxime cuando unos eran pasajeros y móviles y otros permanentes y fijos. Los roces entre los dos grupos tenían que ser necesariamente frecuentes y no tardaron en surgir maledicencias, calumnias y leyendas negras de los unos frente a los otros, incluso la creencia mutua de que eran razas diferentes. Basta que se cuelgue un sambenito a alguien para que el comportamiento de este lo rearme cada vez más. Si se creía que los vaqueiros eran malos cristianos porque no guardaban los mandamientos de la iglesia como los lugareños, nada tiene de extraño que terminaran quedando segregados en los templos y que se practicara el aparthaid en otros muchos aspectos, entre los que García resaltó la política matrimonial Ni los xaldos admitían bodas con vaqueiros ni los vaqueiros admitían bodas con xaldos, con lo que se eliminó una de las instituciones más eficaces que existen para aunar lazos entre diferentes colectivos sociales. La visión desde dentro de la cuestión vaqueira puede no percatarse de que existieron instituciones comunes a vaqueiros y xaldos, una de ellas la del mayorazgo, sobre la que García se manifestó extremadamente crítico cuando la función del investigador es darle una explicación, no una condena.

 

García rechaza acertadamente la antigua y equivocada teoría según la cual vaqueiros y xaldos son razas diferentes. La teoría está hoy absolutamente rechazada por todos los estudiosos pero antropólogos ha habido que dedicaron grandes e inútiles esfuerzos a medir cráneos vaqueiros y xaldos para compararlos después en defensa de su tesis. Estos desvaríos hace tiempo que han sido abandonados. García refuta la teoría racista pero utiliza con frecuencia el concepto de etnia, muy próximo a raza. Étnico, étnica es, según nuestro diccionario, lo que pertenece a una nación o raza. García insistió en su conferencia en que étnico es un concepto cultural, pero si lo cree así creo que es preferible abandonar la palabra etnia y sustituirla por cultura en beneficio de la claridad y precisión del mensaje.

 

Adolfo García fijó la fecha de nacimiento de la cultura vaqueira pero si mal no recuerdo nada dijo de su desaparición. Hablo de desaparición de la cultura vaqueira porque hoy no quedan más que supervivencias y recuerdos que algunos alientan y sostienen como incentivación de visitantes urbanos. De ser así, la cultura vaqueira habría tenido una muy corta existencia, no más de cinco siglos, un lapso de tiempo realmente insignificante, tanto que, en mi opinión, ni siquiera logra adquirir el estatus cultural diferenciado que se le viene dando por los investigadores dedicados a su estudio.

 

Si aplicamos a la cuestión vaqueira una visión ethic o desde fuera, esta variante de la cultura campesina asturiana se nos aparece como una forma de vida pastoril cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. La vida pastoril precede en milenios a la vida agrícola. La primera puede tener unos cincuenta mil años y es directamente heredera de la vida nómada de cazadores y recolectores mientras que la segunda solo tiene diez o doce mil. La aparición de la vida agrícola fue una consecuencia de la escasez relativa de recursos alimenticios que padecieron las tribus cazadoras debido al exceso de población que se dio en el Paleolítico. Los agricultores sedentarios producen sus alimentos y tienen un nivel de vida mejor y con menos altibajos que los ganaderos nómadas. Pero los pastores vieron siempre a los agricultores como pueblos aburridos y monótonos en comparación con la vida de aventuras y de riegos que ellos llevaban. Los agricultores eran gente de paz y estaban mejor alimentados que los pastores. Los pastores llevaban una vida acorde con la cultura milenaria del honor, la aventura y la guerra. Durante milenios, cuando los belicosos pastores sufrieron carestías asolaron las haciendas de los pacíficos agricultores y las arrasaron. Esta es la razón de que los núcleos habitados tuvieran que dotarse de murallas defensivas. Finalmente, la cultura agrícola y urbana se hizo hegemónica debido a su mayor eficiencia en generación de riqueza. La cultura pastoril terminó entrando en fase terminal y refugiándose en el honor y la dignidad que faltaba a los agricultores y que sigue faltando a la cultura urbana derivada. Creo que es a la luz de este modelo explicativo desde el que debería estudiarse a los vaqueiros de alzada de Asturias si es que realmente fueron una forma de vida netamente diferenciada de la forma de vida de los pueblos agrícolas de los valles, lo que personalmente cuestiono como pone de manifiesto la existencia de instituciones comunes como la del mayorazgo entre otras. Para mí, vista con enfoque ethic, los vaqueiros de alzada tuvieron rasgos diferenciales de los agricultores basadas en el hecho de que alternaban el pastoreo en verano con la invernada en el valle como vecinos de quienes vivían de la agricultura y de la ganadería estabulada. Pero ambos pueblos fueron siervos de la nobleza y de la iglesia que consiguieron liberarse de esta condición, los vaqueiros antes que los agricultores. La movilidad de los vaqueiros contrastaba fuertemente con la inmovilidad de los agricultores. Mientras los vaqueiros conocieron otros horizontes, otros pueblos y otras costumbres, los agricultores no salieron de su aldea a lo largo de su corta vida. Solo los varones salían de la aldea para servir al Rey. La práctica de la arriería y la compraventa de ganado posibilitó que los vaqueiros tuvieran una economía monetarizada antes que los agricultores. Tener dinero en metálico, conocer otras costumbres y otros pueblos, vivir una vida aventurera fueron las señas de identidad a las que los vaqueiros se aferraron para sentirse más que los agricultores. Pero los agricultores lograron mayor prosperidad gracias a su perseverancia y a su sentido de la austeridad y el ahorro. El futuro lo ganaron los agricultores sedentarios del valle y los vaqueiros de alzada terminaron por aculturarse adoptando las formas de vida de aquellos. Los cinco siglos de los vaqueiros de alzada asturianos no fueron más que un chispazo en la milenaria cultura pastoril, rodeados de palurdos agricultores cuya forma de vida terminaron por adoptar. Hoy, como digo, solo quedan recuerdos y supervivencias de aquella efímera forma de vida que algunos tratan de maquillar como un expediente entre tantos para conseguir que los que viven en las ciudades vayan a las antiguas brañas y gasten su dinero en dormir, comer y beber.

 

Termino haciendo un comentario sobre la institución del mayorazgo. A Adolfo García no le gusta porque cree que atenta contra los derechos de los demás herederos. Pero un juicio más distanciado nos dice que si en efecto atenta contra la equidad entre hermanos es por una razón de mantenimiento de la integridad del patrimonio familiar en una sola mano y porque el patrimonio no se valora a precios de mercado, si es que puede hablarse de mercado en la cultura campesina tradicional. La valoración del patrimonio entre agricultores o entre vaqueiros es la que consta en las escrituras, una valoración deliberadamente baja que permite al hijo elegido poder pagar el valor del tercio restante entre los hermanos. Pero hay que ver un acierto económico en la institución porque impide la progresiva atomización de un patrimonio ya de por sí tan pequeño que difícilmente es suficiente para alimentar a una familia sobre todo cuando es tan numerosa como fue antaño entre los campesinos.

vaqueiro de alzada

Una señora preguntó al conferenciante por la situación de la mujer entre los vaqueiros. La respuesta que dio Adolfo García a esta interesante pregunta reflejó una vez más su análisis de la cultura vaqueira desde dentro. Dijo que las mujeres tuvieron más derechos entre los vaqueiros que entre los agricultores del valle. En mi opinión, no creo que ambos colectivos hubiera diferencias apreciables en este aspecto. De haber algunas, el modelo de análisis ethic apunta a suponer que la mujer ocuparía entre los vaqueiros un estatus más subordinado que entre los agricultores en la medida en que, como herederos de los pueblos pastores, los vaqueiros de alzada es posible que se atuvieran al mantenimiento de valores machistas más remarcados que los ya altos que los que tuvieron y siguen teniendo los pueblos asentados en el valle. Los derechos de la mujer empezaron a ser reconocidos en las sociedades altamente desarrolladas en las que se está llevando hasta sus últimas consecuencias lógicas el pensamiento ilustrado del siglo XVIII como secularización del mensaje cristiano de igualdad y fraternidad entre todos los seres humanos.

 

Hubo otra pregunta a la que Adolfo García dio una respuesta que quisiera comentar. Me refiero a la que se le hizo sobre las canciones vaquearas. Según él, ya no hay más que puros remedos y malas imitaciones de aquellas viejas tonadas. Me pregunto si es que el cultivo de estas tradiciones solo es posible volviendo a los tiempos superados. Creo sinceramente que aspirar a estos purismos es simple y llanamente imposible. Estaría en la misma línea romántica que propugnó Jaime Izquierdo en la Jornada sobre Paisaje y desarrollo, la de que en el mundo rural el avance pasa por dar pasos hacia el pasado. El 26 de julio tendremos una nueva Jornada, esta vez sobre la Reforma de la Política Agrícola Común, organizada por la Asociación de Amigos del Paisaje de Salas. Será el momento de considerar estas posturas con mayor detalle y fundamento.

(*) Francisco Muñoz de Escalona es sevillano, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y jubilado como investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha trabajado como consultor internacional en España y en diferentes países iberoamericanos. Durante años se ha dedicado al estudio de varios sectores de la economía española, debiendo destacar la agricultura y el turismo. Actualmente, aunque retirado como investigador del CSIC, sigue viajando a diferentes países para participar en congresos e impartir cursos de su especialidad en turismo.

En el artículo anterior hace una “visión desde afuera” de lo expuesto en la conferencia que en Junio de 2003 dio el antropólogo Adolfo García, uno de los más destacados estudiosos de la cultura vaqueira, organizada por nuestra asociación, Amigos del Paisaje de Salas.

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