Con el título señalado acaba de salir de imprenta el libro de memorias de un maestro del concejo de Salas, Julián Campo Zurita (1891-1978). Las edita el Museo Pueblo de Asturias y corre la edición a cargo de Leonardo Borque y Jesús Suárez López 2.
Tal como se señala en el “Estudio preliminar” que precede al texto, “el núcleo del testimonio lo van a constituir más bien las asperezas derivadas del proceso de consolidación de una profesión que estaba en ciernes cuando el padre de nuestro protagonista accede al oficio y que precisamente se va a afianzar incluso como ‘carrera del Estado’ a lo largo de la vida del autor”. No obstante, la contextualización que ofrece posee gran valor testimonial sobre el periodo que va desde la Monarquía de Alfonso XIII a la Dictadura de Primo de Rivera, a la Guerra Civil y al largo periodo de la Dictadura de Franco.
Para mí, sin embargo, adquiere especial significado este libro de memorias por ofrecer amplias referencias del Concejo de Salas y, muy especialmente, de la Parroquia de Lavio, donde contrajo matrimonio con la hija de Félix Riesgo (hermana de Africano).
En el año 1906 vivía en Priero y fue nombrado maestro en Ardesaldo, donde se alojó en casa de Elías. En esta casa recogían manteca en los pueblos del entorno, que luego amasaban, higienizaban y que, envasada “en saquitos de tela blanca, era llevada al día siguiente a la fábrica de Velarde en Salas”; datos de historia económica coincidentes con los que nos transmite Ferrer Regalés y que son una muestra de la gran capacidad de pervivencia de la industria rural dispersa (el Verlag System como oposición al Factory System), llegando hasta el presente con uno u otro cambio adaptativo (¿no entra la industria rural dispersa dentro de las actividades económicas que apoya el Programa Europeo L.E.A.D.E.R.?)
“A veces me subía a Las Gallinas y veía en lontananza la blanca casa ¡quien lo diría! de la que andando el tiempo habría de ser mi esposa”. Más adelante, relata su primer viaje a pié hasta Lavio, “donde se celebraba la festividad de los santos Justo y Pastor”. Iba acompañado por Fernando García Menéndez, maestro de Brañasevil. “Mi madre nos preparó unos bocadillos que fuimos a consumir a una venta de Las Gallinas; desde este caserío, pasando por Puente de Brañanueva, La Colniella y Socolina, mi amigo fue recitando estrofas de la Divina Comedia y el camino hasta Labio se me hizo más llevadero en alas de nuestra juventud, del paisaje y … del poeta florentino”. La Ponte Brañanueva, puente aún existente hoy día (es de origen romano? es prerromano?), permite cruzar el río de Lavio, formando parte de un camino en el que se puede apreciar una gran densidad de transito en otros tiempos. Y, río arriba, hacia las fuentes del río de Lavio, que podemos situar en el sistema de regueiros que descienden por la falda sur del Pico de Aguión, encontramos restos de otros puentes, restos de varios molinos y vestigios de poblamiento muy antiguo …La descripción que hace de La Plazoleta de Lavio y su entorno es perfecta. “La fiesta profana (…) daría comienzo pasadas las cuatro de la tarde. Las rapazas y los rapaces fueron acudiendo al “Juego de la Bola” delante de la Casa Nueva, conocida también como Ca María, bar – tienda, especializada ésa en pasamanerías. También disponían de salón de baile, en el cual la música bailable era producida por orquestas locales. Hoy reformado es propiedad de Tino y Carmina. En La Plazoleta estaba el juego de bolos, modalidad batiente con parquet y bolos armados con barro, (hasta la reforma modernizadora del párroco Abelardo, que nos dejó en su lugar un gran muro y un “polideportivo”), por lo que la misma era conocida también como “El Juego de la Bola”.
Y, Fernando, el maestro de Brañasevil lo lleva a C’Aricano: “Poco después me condujo a un comercio situado en un plano inferior al “Juego de la Bola”. Era la casa de Félix Riesgo y entramos con el pretexto de tomar algún refrigerio, pues el comercio en cuestión, además de tienda mixta, tenía también cantina”. C’Aricano, como era conocida la tienda bar referida, estaba, además, especializada en ferretería. Al día siguiente fueron caminando a Brañasevil, donde era maestro el amigo que le servía de guía, y donde comieron en “casa de ‘la Castellana’, así llamada porque había estado en Madrid muchos años y sabía muy bien el arte culinario”.
Los viajes a Lavio se hacen frecuentes a partir de 1920. Siempre atravesando la Sierra de Aguión, el Camino Real de Lavio. Y siempre a Ca Félix, llamada más tarde C’Aricano, pues allí atendía la tienda – bar Nati Riesgo, la hija de Félix Riesgo y hermana de Africano, con la que contrajo nupcias. Allí conoció al párroco Luciano García Miranda.
Otras descripciones de interés geográfico, sociológico y cultural se extienden a concejos vecinos, muy especialmente a la parroquia de Trevías (Concejo de Luarca) Y también a Ballota, en el Concejo de Cudillero. Es precisamente Inés Rico, Profesora de Enseñanza Media en Gijón, hija y sobrina de discípulos del autor en la Escuela de Trevías, la que influyó decisivamente en la publicación de estas memorias, las cuales gozaron también de la colaboración de Chemi Lombardero (o Lombardero jr.).
Para finalizar esta breve y sesgada recensión quiero señalar la importancia que tiene la publicación de este tipo de textos también para la Antropología Cultural y para la Historia Económica.
1 “Los avatares de una vida (memorias de un maestro asturiano) (1891 – 1978)” de Julián Campo Zurrita. Edición de Leonardo Borque y Jesús Suárez López. Edita Museo Pueblo de Asturias, 2009.
2 Jesús Suárez López, salense, nos viene acostumbrando al buen trabajo por varios motivos, entre otros, por la elección de la problemática, por el rigor en métodos y procedimientos y por su laboriosidad. Su trabajo de mayor alcance se sitúa en el campo de la tradición oral, siendo responsable del correspondiente archivo en el Museo Pueblo de Asturias.
(*) José Feito Fernández es ...
Esta es la novena vez que José Feito Fernández nos aporta su colaboración. Sus datos biográficos figuran en la anterior: “La soledad de las últimas vacas”.
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